Suipacha y Pancho Ramírez: Plaza Rocamora – Gualeguay

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Lía Di Pascua
Plaza Rocamora

El 4 de octubre de 1877, a través de una ordenanza municipal, quedó establecida la Plaza Rocamora, cuyo nombre evoca al fundador de Gualeguay. Las cuatro manzanas que comprende, frente al cementerio, presentaron por décadas un estado de completo abandono, con una parte arbolada y sin iluminación. Los trabajos para mejorarla se iniciaron entre 1940 y 1950. Antes, el espacio fue utilizado como cancha de fútbol.

El 19 de abril de 1953 quedó inaugurada una estructura piramidal en su centro, como homenaje a don Tomás de Rocamora. En la administración municipal del Sr. Roberto Sciutto, en la década de 1960, tuvo lugar la transformación del predio en un verdadero paseo público. Pasó a contar con jardines adecuadamente delineados y fue dotada de iluminación. En marzo de 1969 fue inaugurado el busto de Rocamora, que enfrenta a la calle Villaguay. También, se encuentra en la plaza el busto del Soldado Javier H. Gómez, en memoria del hijo de Gualeguay caído en cumplimiento del deber (inaugurado el 3 de diciembre de 1991).

FUENTE│RAMPOLDI, Nidya; PIAGGIO, Claudio Marcelo; GABRIEL, Daniel A; MÍGUEZ IÑARRA, Patricia (2002) Espacios Públicos con Historia. Gualeguay. Ediciones del Clé.

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Suipacha y Jujuy – Gualeguay

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Daiana Pavón
Calle Suipacha

La calle nace al 1050 de 9 de Julio con dirección al sur, su prolongación hacia el norte se llama Bartolomé Zapata. En plano de 1895 se llama Rocamora en toda su extensión. La ordenanza del 14 de abril de 1950 dice: “Suipacha”. Esta batalla entre el Ejército del Norte mandado por Antonio González Balcarce y las fuerzas realistas dependientes del virrey de Perú ocurrió el 7 de noviembre de 1810 en Bolivia, departamento de Potosí. La Batalla de Suipacha fue el primer triunfo de los ejércitos patriotas. El 5 de diciembre, en el cuartel de Patricios se festejó la victoria patriota en Suipacha con un banquete. Durante la celebración, el capitán Atanasio Duarte propuso hacer un brindis por Cornelio Saavedra al grito de “Viva el emperador de América”. Este episodio marcó la ruptura entre Moreno y Saavedra. El secretario de la Junta redactó un decreto, conocido como de “supresión de honores”, que limitaba las atribuciones del presidente. De ahí en adelante, todo decreto debía tener la firma de cuatro miembros de la Junta para ser válido, sólo la Junta en pleno podía recibir los honores que anteriormente habían correspondido al virrey y, lo más importante, el presidente dejaría de ser el comandante en jefe de las fuerzas militares.

FUENTE: Míguez Iñarra, Patricia y Rampoldi, Nidya (2013). Calles con historia. San Antonio del Gualeguay Grande

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