Coronel Amezaga y Francisco Ramírez – Enrique Carbó (Gualeguaychú)

Coronel Amezaga y Francisco Ramírez – Enrique Carbó (Gualeguaychú)

Coronel Amezaga y Francisco Ramírez - Enrique Carbó (Gualeguaychú)

Ayelén Benedetti
Calle Coronel Amezaga

La Calle Coronel Amezaga nace en la intersección de la Avenida Urquiza, tiene una extensión de dos cuadras, atraviesa la calle 25 de mayo y finaliza en Francisco Ramírez que corre de este a oeste. Se llama así porque Coronel Amezaga (militar correntino, Ministro de la provincia de Entre Ríos) fue uno de los hombres que ayudó a la sala de primeros auxilios de este pueblo; aportando partidas, medicamentos, etc. Él falleció antes de la fundación de dicho centro. La sala actualmente se encuentra ubicada en la misma calle; pero su nombre fue modificado, llamándola “Juana Elsa Morel”.
FUENTE: Silvana Lucero.

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Genoveva Gómez y Avenida Urquiza – Enrique Carbó (Gualeguaychú)

Genoveva Gómez y Avenida Urquiza – Enrique Carbó (Gualeguaychú)

Genoveva Gómez y Avenida Urquiza - Enrique Carbó (Gualeguaychú)

Candela Aranda
Calle Genoveva Gómez

Florencia Genoveva Gómez nació el 3 de enero en el distrito Alarcón, en un lugar llamado “Cuatro hermanas”. Vino a vivir a Enrique Carbó, cuando contrajo matrimonio. Falleció el 23 de septiembre en Mar del plata, a los 94 años de edad terminando sus días ciega. Tuvo un total de 11 hijos, 6 de ellos propios de su matrimonio y 5 adoptados (hijos del corazón). El rol que ella cumplía en la sociedad era de partera, pero sin estudios, lo hacía por su propia voluntad, ayudando a las parturientas a traer a sus hijos al mundo. Su traslado a la casa de los pacientes lo hacía en sulky. Ella se quedaba unos días en la casa de sus pacientes, para controlar que todo vaya bien.  También contaba en su casa con otra habitación, la que era utilizada para atender a las pacientes que venían desde pueblos vecinos, a la hora del parto ella contaba con la ayuda de su única hermana, Valentina Gómez.

Era una mujer muy conocida en Cuchilla Redonda, Ibicuy, Alarcón. Médanos y Villa Paranacito, por lo que hacía. Nunca cobraba por su servicio ya que lo hacía con todo gusto. Una persona sencilla y humilde, pero con un corazón inmenso, una mujer muy cariñosa, buena y amable, sin ningún tipo de problema a la hora de atender. Sus hijos adoptivos eran de madres que los tenían y no los podían cuidar por su situación económica, eran niños que ella misma ayudaba a nacer.

FUENTE:   José Luis Gómez (su hijo).

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